El Obispo Diocesano, Mons. Angel J. Macín, presidió la celebración del Jueves Santo en la Iglesia Catedral de Reconquista.

Allí realizó el lavatorio de los pies a doce integrantes de la comunidad parroquial.

Durante la Última Cena, Jesús les lavó los pies a sus discípulos. En aquel tiempo el calzado de la gente eran las sandalias, por lo que el polvo y las pequeñas arenillas se pegaban a los pies. Por eso era costumbre entre los judíos -cuando alguien llegaba a visitarlos-, ofrecer un recipiente con agua para refrescar y purificar sus pies.

El lavatorio lo hacía uno de los sirvientes de la casa y nunca el anfitrión; sin embargo, Jesús, el “maestro”, lavó los pies a sus discípulos porque quiso enseñarnos a servir y saber que su reinado se basa en el “servicio”.