El padre Dante Braida, párroco de
Cuando se produjo el terremoto en Haití, estos sacerdotes argentinos se trasladaron al país mencionado para trabajar junto al pueblo haitiano.
Compartimos la carta que enviaron:
Sacerdotes de nuestra diócesis presentes en Haití
Jaime Morea y Marcos Piran, ambos sacerdotes de
“Queridos todos, gracias a Dios llegamos muy bien, nos instalamos en el Hospital general de Puerto Príncipe, a tres cuadras del Palacio Presidencial, que todos hemos visto destruido. La acogida por parte de la gente del hospital fue increíble, nos han recibido con los brazos abiertos y valoran muchísimo nuestra presencia aquí.
El contacto lo habíamos hecho con El Padre Michelin un sacerdote haitiano que se tuvo que ir y nos dejó la capellanía del hospital a nuestro cargo. Nos instalamos en dos carpas al lado de la capilla del hospital que esta bastante dañada por el terremoto, se calló la cúpula, y esta muy rasgada. Ya celebramos la misa dos veces por la mañana, en una gran carpa que nos permite reunir a la comunidad. La gente tiene terror de meterse en cualquier edificio. Nuestro Frances básico nos permite defendernos bastante bien, aunque hay un seminarista que nos predica en creole y lo hace muy bien.
Por las mañanas nos quedamos visitando a los enfermos del hospital, son unos 250 y se ve de todo. Ayer por ejemplo visitamos una carpa donde estaban todos los amputados, desgarrador. Una mujer me llamó desde lejos y cuando me acerque me dijo: “Estoy sola, toda mi familia se murió y otra parte emigro, estoy sola.....estoy sola con Jesús.”
Ayer recorrimos un poco la ciudad y es terrible lo que se ve, parece que hubiera habido una guerra. En todos los parques se han instalado las familias sin casa, en carpas muy elementales y muy amontonadas se aglutinan miles de familias.
Las noches tenemos intención de convocar a los voluntarios que son muchos y de distintos países, para poder conversar y rezar juntos, ya que el trabajo es muy desgastante y no tienen como retroalimentarse, esta noche haremos el primer encuentro, veremos como sale.
La gente es increíble, muy simpática y comunicativa y profundamente religiosa. Hoy por ejemplo ofrecimos confesiones y en seguida se armaron dos colas largas para Marcos y para mi. Cantan con una fuerza y una entonación que nos penetra hasta la médula. Se ve la tristeza en sus rostros pero a ninguno se le cae una lágrima, y sueltan la sonrisa con mucha facilidad.
Ayer en la misa se nos cortó la voz cuando entró una chiquita con el piecito amputado y una venda en la cabeza, después nos enteramos que quedó huérfana de padre y madre.
Pero para ellos la vida continúa y la presencia de Dios aquí es palpable, lo llaman Papá Dios. No hay resentimiento sólo aceptación y mucha oración, ¡cuanto tenemos que aprender!
Nos encantaría seguir contándoles millones de cosas que en sólo dos días hemos vivido. Perdón por el desorden y las faltas pero estoy escribiendo rápido ya que nos prestaron una computadora por un rato no mas. Los tenemos a todos muy presentes, contamos con sus oraciones. Marcos, Roberto, Nacho y Jaime.”
Mail enviado por Jaime Morea desde Haití, 4 de marzo, 2010.






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